Podemos pensar que hay varias formas de inmortalidad. La inmortalidad física de nuestro cuerpo o la inmortalidad etérea de nuestro yo. Yo concibo esto como un camino en el que hay que cumplir fases hasta conseguir lo que buscamos.
La primera fase de todas es erradicar todas las enfermedades (disfunciones propias o adquiridas).
Podemos conseguirla a través de la inmortalidad de nuestro cuerpo. Que se convierta en un conjunto de células cancerosas en su comportamiento que nos haga inmortales. Esta solución es a todas luces imperfecta. Sustentaríamos nuestra inmortalidad en algo destructible. Mala solución.
Pero podemos utilizarla como una segunda fase, previa a la conquista de la imortalidad por otros medios más perfectos.
Una tercera fase sería la de convertir nuestra conciencia en energía y que fluya por circuitos integrados. No se trata de que copiemos nuestro yo neuronal en un ordenador. Se trata de que nuestro yo, nuestra conciencia fluya de nuestro cuerpo a un sistema informático. Es un poco más perfecto que sustentar nuestro futuro en un cuerpo.
La cuarta, última y definitiva sería ser pura energía. Energía compleja no descubierta hasta ahora y que sustentase nuestro yo. Tiempo y espacio carecerían de sentido para nosotros. Podríamos ver el Universo. Ser el Universo.
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